Charles Allston Collins nació en Londres en 1828, en
el seno de una familia culta y acomodada, de firmes convicciones religiosas. Siendo muy pequeño empezó a mostrar una fuerte inclinación por el dibujo y la literatura. Recibió una sólida educación. Se combinó en ella la formación artística y humanística con un clima intelectual fuertemente marcado por el anglicanismo serio y reflexivo propio de ciertos sectores de la
clase media ilustrada inglesa.
Su formación artística se desarrolló en la Royal Academy Schools.
Allí entró en contacto con algunos de los jóvenes artistas que, en torno a 1848, estaban comenzando a cuestionar los valores académicos dominantes. Fue en este contexto donde trabó amistad con John Everett Millais, con quien trabó una estrecha amistad.
Collins no fue miembro fundador de la Hermandad Prerrafaelita, pero sí una figura cercana desde sus inicios, compartiendo su programa de retorno a la verdad natural, la sinceridad moral y la pintura anterior a Rafael.
Desde el Renacimiento hasta nuestros días: 77. Los Prerrafaelitas (2): John Everett Millais.
Conviene precisar el dato con claridad histórica:
el matrimonio no llegó a celebrarse. La relación no prosperó, y todo indica que fue ella quien rechazó finalmente a Collins, aunque no disponemos de testimonios directos que expliquen los motivos con detalle.
Este episodio, lejos de ser anecdótico, resulta bastante revelador. El carácter de Collins, ya de por sí melancólico, moralmente exigente y cada vez más inclinado a una vida de retirada, parece haber dificultado una relación estable dentro de un entorno social que exigía seguridad, proyección y energía vital. El fracaso de esta relación coincide cronológicamente con un periodo de creciente inseguridad artística y espiritual.
La pintura más importante de Collins es Convent Thoughts, presentada en 1851 (ver la primera pintura de esta entrada). Representa a una joven novicia en un jardín conventual, absorta en la contemplación de una flor de pasionaria, símbolo directo de la Pasión de Cristo. La escena combina un naturalismo extremo con una iconografía religiosa rigurosamente construida. Formalmente, la obra encarna el ideal prerrafaelita temprano: color puro, nitidez casi obsesiva, ausencia de convencionalismos académicos. Temáticamente, revela el núcleo del universo de Collins: juventud, pureza, deseo contenido y clausura espiritual.
Con todo, la recepción fue ambigua. Aunque se reconoció su calidad técnica, algunos críticos la consideraron inquietante o excesivamente devota. Para Collins, de temperamento frágil, esta exposición pública —más que afianzarle— profundizó su conflicto interior: el arte comenzaba a aparecerle como un espacio de tensión moral más que de plenitud.
Tras Convent Thoughts, Collins realizó algunas obras más, entre ellas Berengaria’s Alarm for the Safety of Her Husband, Richard Coeur de Lion, de inspiración histórica y literaria. Sin embargo, su producción fue cada vez más escasa y espaciada. Entra a mediados de los años cincuenta en una crisis muy profunda en la que se cuestiona sus dificultades personales para soportar la crítica y la implacabilidad del mercado, la legitimidad moral del arte y su creciente atracción por una vida interior espiritualizada.
De hecho, hacia finales de la década, Collins abandona de hecho la pintura como práctica profesional. No se trató realmente de un fracaso externo, sino de una renuncia voluntaria, motivada por la convicción de que el arte visual ya no era compatible con su ideal espiritual.
Comenzó entonces una etapa como novelista y ensayista, con obras de inspiración religiosa y ética. Aunque su producción literaria no alcanzó gran difusión, mantiene una clara continuidad con su pintura: el mismo afán de claridad moral, el mismo rechazo de la ambigüedad estética.
Se estableció como ensayista y humorista —su volumen The Eye-Witness (1860) recogió textos que mostraban su talento literario— y trabajó como ilustrador para publicaciones victorianas y, brevemente, en torno a la obra de su hermano (Wilkie Collins) y la familia Dickens.
En 1860 se casó con Kate Dickens, hija de Charles Dickens, lo que le enlazó más directamente con el mundo editorial y literario de la época. Más adelante fue contratado para colaborar en el proyecto ilustrativo de The Mystery of Edwin Drood, pero la enfermedad se lo impidió: falleció de cáncer el 9 de abril de 1873, con 45 años, y fue enterrado en Brompton Cemetery.
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