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viernes, 30 de enero de 2026

230. Estudio sobre 1870-1920. Esquema y pretensiones.


Estudio sobre 1870–1920

Esquema estructural y declaración de principios

En todos mis blogs he ido publicando entradas que reflejan mi profundo interés por la cultura y el arte del siglo XIX. 

Con este texto quisiera formular un marco de trabajo consciente y explícito que me sirva de guía para mis indagaciones futuras, centrando mis intereses socio-culturales en el medio siglo que transcurre entre 1870 y 1920, y acotando el terreno geográfica y culturalmente, fundamentalmente, a Europa, desde la Guerra Franco-Prusiana hasta el final de la Primera Guerra Mundial.

A medida que profundizo en este periodo, me resulta cada vez más evidente que se trata de una época extraordinariamente compleja y decisiva, repleta de transformaciones profundas en ámbitos de lo más diversos. Muchas de ellas marcaron de forma irreversible, sin duda, el curso de la historia contemporánea y siguen proyectándose, de manera directa o indirecta, sobre nuestro presente.

Soy muy consciente de la amplitud y dificultad de una empresa así, por lo que mi propósito no es tanto construir un relato total ni exhaustivo, como ofrecer aproximaciones significativas a algunos aspectos relevantes -a veces especialmente relevantes para mí- de ese periodo: sus principales líneas culturales y artísticas, las mentalidades que las sustentaron y aquellos personajes que destacaron en distintos ámbitos, aunque no siempre hayan recibido el reconocimiento que, por sus méritos, merecerían.

Este proyecto se concibe deliberadamente como un trabajo de largo aliento; un trabajo que deseo afrontar con calma y sosiego, tanto como ejercicio de comprensión cultural profunda como forma de nutrir de contenidos coherentes y conectados a mis distintos espacios de escritura, en particular los blogs Desde el Renacimiento hasta nuestros días y Ocio inteligente para vivir mejor

Desde luego, no aspiro a una neutralidad ilusoria (¡ya me gustaría!) ni tampoco quiero hacer una acumulación indiscriminada de datos que, al final, acaban olvidándose. Me gustaría, en mis humildes límites, mirar esa época de forma reflexiva y crítica.


1. Enfoque general y método

Mi intención, como acabo de mencionar, no es realizar un simple recorrido histórico lineal -aunque el contexto histórico sea a menudo imprescindible-. Para eso existen excelentes manuales y valiosas síntesis académicas además de la omni presente Wikipedia. Mi objetivo es, más bien, construir una especie de mapa cultural de larga duración, guiado, en lo posible, por una serie de principios claros:

  • Transversalidad y comparación. Procuraré que el enfoque sea comparativo y no nacionalista, evitando en lo posible lecturas ideológicamente sesgadas o exclusivamente cronológicas. Me interesa mucho situar fenómenos, obras y figuras dentro de sistemas de relaciones y tensiones más amplios.

  • Interdisciplinariedad consciente. Intentando profundizar en mis intereses particulares, el análisis abarcará distintos ámbitos de la cultura: pintura, música, literatura, pensamiento, espiritualidad, política cultural y, también, dimensiones más íntimas como puedan ser la sexualidad o la vivencia del cuerpo. Estos campos me gustaría estudiarlos tanto de forma sectorial como en sus múltiples interrelaciones.
  • Observación de las mentalidades. Me interesan profundamente las obras, pero tanto o más las mentalidades, imaginarios y estructuras de sensibilidad que las hacen posibles. Abordaré el arte como síntoma, respuesta y a veces refugio ante las tensiones de su tiempo.
  • Atención a las zonas liminares. Existe en este proyecto personal una atracción deliberada por los espacios de ambigüedad: la decadencia, las espiritualidades heterodoxas, las figuras marginales o moralmente complejas, los lenguajes simbolistas y esotéricos que revelan la profundidad —y a menudo la fragilidad— del alma moderna.
  • Continuidad frente a ruptura. Frente al énfasis habitual en la vanguardia y la ruptura, prestaré especial atención a las persistencias históricas, a las fidelidades estéticas, espirituales o éticas que atraviesan el periodo y que suelen quedar oscurecidas por los relatos dominantes del progreso artístico.
  • Rechazo de una visión simplista del “progreso moderno. La historia rara vez es lineal, unidireccional o teleológica. Me interesa mucho más explorar las crisis, las transiciones y las contradicciones que las narrativas deterministas. Las zonas ambiguas, oscuras o incómodas suelen ser, precisamente, las más reveladoras.

  • Posicionamiento reflexivo. Soy plenamente consciente de que toda mirada está, siempre, situada. Pero precisamente por ello, no pretendo juzgar el pasado desde categorías morales contemporáneas aplicadas de forma mecánica. Evidentemente, ese intento de empatía  transgeneracional no supone suspender todo juicio crítico cuando los materiales lo exigen o cuando necesite realizar un trasvase de reflexión personal a la realidad actual. El análisis buscará comprensión antes que condena o justificación.

2. Marco estructural y ejes transversales

Dentro del arco cronológico elegido (1870–1920), articularé mis indagaciones en torno a una serie de ejes transversales, entendidos no como compartimentos estancos, sino como campos de tensión interrelacionados. Entre ellos, y sin ánimo exhaustivo:

  • La crisis del positivismo y sus consecuencias culturales, filosóficas y espirituales.
  • El impacto ambivalente de la industrialización extrema, con sus mejoras materiales y sus devastaciones humanas, sociales y coloniales.
  • La espiritualidad alternativa y el misticismo heterodoxo: simbolismo, esoterismo, teosofía, antroposofía, diálogos interreligiosos y recuperaciones de tradiciones olvidadas.
  • La vivencia del cuerpo, el erotismo y el deseo: mecanismos de represión, reacciones contra ellos, patologías, idealizaciones, construcción de cánones de belleza y mitologías corporales.
  • La ciudad moderna como espacio transformado y transformador: urbanización, nuevas costumbres, anonimato, espectáculo y control social.
  • La tensión entre arte y técnica, entre artesanía y reproducción, original y réplica.
  • Guerra y trauma: del conflicto franco-prusiano a la Primera Guerra Mundial, con sus consecuencias psicológicas, culturales y simbólicas.
  • La transformación de la imagen y el papel de la mujer, entre ruptura de cánones, resignificación de roles y nuevas posibilidades vitales (además de entregadas sumisiones a roles convencionales de la época).
  • La búsqueda del arte total, desde Wagner y sus antecedentes hasta sus múltiples derivaciones, como aspiración a una experiencia estética absoluta.
  • La vivencia del tiempo, la memoria y la pérdida, tan característica del fin de siglo: nostalgia, decadencia, duelo y anticipación del desastre.
  • La responsabilidad ética del creador en tiempos de crisis: compromiso, evasión, elitismo, propaganda o retirada estética.

Cualquier figura o movimiento será analizado, en la medida de lo posible, dentro de este sistema de tensiones, y no como un caso aislado.


3. Artes visuales

En el ámbito de las artes visuales:

  • Profundizaré especialmente en el simbolismo y el decadentismo, sin excluir otras corrientes relevantes del periodo.
  • El foco estará en distintos países europeos, con atención prioritaria a Francia, Gran Bretaña y Alemania, dada su centralidad cultural en la época.
  • Buscaré tanto figuras atípicas o marginales como otras que permanecieron fieles a continuidades clásicas.
  • Prestaré especial atención a la iconografía, el erotismo, la espiritualidad y la política del cuerpo como formas privilegiadas de representación.
  • Intentaré integrar de forma crítica aquellos aspectos hoy considerados problemáticos —antisemitismo, elitismo espiritual, proto-fascismo— sin anacronismos ni simplificaciones.

4. Música

En el ámbito musical:

  • Continuaré explorando líneas de continuidad clásica y espiritual, atendiendo a compositores que resistieron la ruptura radical del fin de siglo y que hoy suelen quedar relegados por no encajar en relatos de vanguardia.
  • La música será considerada no solo como lenguaje estético, sino como espacio de consuelo, resistencia espiritual, continuidad ética y afirmación de sentido en un mundo en transformación.
  • Todo ello sin descuidar, naturalmente, a las grandes figuras consagradas del periodo.

5. Otros ámbitos de interés

De manera complementaria, este proyecto abordará cuestiones como:

  • Las radicalizaciones ideológicas y sociales.
  • Las estéticas de la disciplina y las masculinidades posbélicas.
  • La irrupción del deporte como entretenimiento de masas.
  • La ciudad como dispositivo ideológico.
  • El cine incipiente como generador de mitologías sociales y propaganda temprana.
  • El cartelismo, las revistas culturales y la cultura impresa.
  • La fotografía y su impacto en la percepción artística.
  • El socialismo cultural, el liberalismo tardío y los nacionalismos culturales.
  • El antisemitismo como estructura cultural.
  • El fascismo entendido también como fenómeno estético.
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Como he señalado desde el inicio, se trata de un proyecto necesariamente abierto. Será revisado, corregido y ampliado a medida que se materialice, pues cada hilo del que se tira revela nuevos caminos dignos de exploración. Este estudio no pretende cerrar interpretaciones, sino abrirlas; no fijar conclusiones definitivas, sino construir un marco flexible que permita comprender mejor la complejidad, las ambigüedades y las contradicciones de la modernidad europea entre 1870 y 1920.

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Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
Su exposición en este blog pretende ser un homenaje y una contribución a la difusión de obras dignas de reconocimiento cultural, sin ninguna merma a los derechos que correspondan a sus legítimos propietarios.
En ningún caso hay en este blog interés económico directo ni indirecto.

jueves, 29 de enero de 2026

229. Manifiesto intelectual.

  Manifiesto intelectual. 

1. Posición inicial.

Decido escribir este manifiesto como guía personal. Una meditada brújula con la que encauzar mis indagaciones culturales y mis intereses artísticos. 

No investigo por acumulación, ni por deseos de erudición vacía, ni mucho menos por fidelidad a un canon heredado de otros.

Investigo por un profundo deseo de comprender cómo los seres humanos han buscado sentido en momentos de crisis, transformación y pérdida. Mis campos de trabajo están guiados no solo por mis intereses históricos, sociales o estéticos, sino por un profundo anhelo existencial.

A propósito me sitúo en los márgenes de los relatos dominantes (que a veces me producen un gran rechazo por su parcialidad y ceguera), pero no lo hago por un afán de querer ser original o heterodoxo: lo hago porque creo que, en incontables ocasiones, solo en los márgenes se conservan las continuidades humanas que los discursos de ruptura radical suelen despreciar.

2. Sobre la Modernidad.

Rechazo una vision simplificada de la modernidad como progreso lineal o como destrucción necesaria del pasado. No creo en absoluto en adanismos y, mucho menos, en reescrituras interesadas de la historia. Entiendo la modernidad europea como un territorio de enormes tensiones en donde conviven:

-Ruptura y fidelidad.  -Vanguardia y continuidad. -Fe residual y espiritualidad heterodoxa. -Esperanza técnica y melancolía histórica. 

Me interesan de forma muy especial aquellos creadores que no gritan, aunque a veces puedan escandalizar en su época (y esto sea dicho a pesar de que haya "escandalizadores" profesionales que realmente, me fascinan). 

Admiro a aquellos personajes que son capaces de sostener una respuesta ética, estética o espiritual propia (auténtica) frente a un mundo que se desmorona.

3. Sobre el arte y la cultura.

El arte no es, para mi, un simple catálogo de estilos o una sucesiva colección de "ismos": Es una forma de pensamiento encarnado; una muy seductora -y muchas veces hipnótica- manera de pensar, sentir y trascender la realidad.

Creo que la pintura, la música, la literatura y el pensamiento, -también el cine, claro- pueden  estudiarse como respuestas simultáneas a las mismas preguntas:

- ¿Qué hacer con el tiempo?.  -¿ Cómo vivir en el momento que nos toca, sin anclarse en el pasado y sin desarraigarse del presente?.  -¿Cómo habitar la memoria?.  -¿Cómo vivir después la perdida, sin dejarse arrastrar por la melancolía o el inmovilismo?.  -¿Qué queda del ser humano tras la guerra, el exilio, la persecución ideológica o la particular e indeleble fractura interior?

No quiero -ni puedo, realmente- jerarquizar las obras por su posible impacto histórico inmediato, sino por la densidad humana que soy capaz de ver o intuir en ellas.

-4. Sobre las figuras olvidadas.

Reivindico el estudio de autores y  artistas, marginales o secundarios (hombres y mujeres), no como mera curiosidad sobre la veleidad de la memoria socio-histórica, sino como una verdadera necesidad epistemológica. En ellos se conservan, en muchas ocasiones:

-Formas de continuidad ética;  

-Resistencias silenciosas y, a veces, reprimidas;  

-Alternativas no triunfantes (pero dignas de tenerse en cuenta) a la narrativa imperante del progreso perpetuo.

En mis indagaciones y trabajos busco, de alguna manera, restituir y reivindicar la complejidad, no reescribir héroes o resucitar fantasmas.

-5. Sobre la espiritualidad.

La espiritualidad que me interesa en este momento de mi vida no es dogmática ni institucional.

Estoy en un proceso de búsqueda, a veces fragmentaria, a veces -incluso- contradictoria, que atraviesa muchas fuentes diferentes, tradiciones antagónicas y vivencias personales determinantes.

No busco "pureza" moral ni la coherencia perfecta (a fin de cuentas humanos somos). De hecho acepto la ambigüedad como parte constitutiva de la experiencia humana, sin que por ello acepte un relativismo constante, utilitarista y simplón abocado a la tergiversación y a la deconstrucción estúpida y sin sentido.

-6. Método personal.

Mi método  de trabajo (por llamarlo de alguna manera) se basa en cinco principios o aspiraciones principales:

-Integración: Cada figura que despierta mi interés debe encajar en un marco más amplio.

-Archivo vivo: Una lectura o indagación no puede cerrarse a una única perspectiva. Mirar desde  diversos ángulos puede contribuir a acercarse a una visión mas certera o ajustada.

-Ejes transversales antes que cronologías rígidas.

-Lectura lenta, sosegada y lo más variada posible.

-Síntesis propia, personal, como parte necesaria y como horizonte que sostiene mis pretensiones intelectuales.

De hecho no trabajo ni indago para concluir rápido y "alimentar" mis blogs o saciar mis curiosidades, lo hago para encontrar y sedimentar sentido.

-7.  Ética del trabajo intelectual.

Escribo este manifiesto como recordatorio y como compromiso en un intento personal de:

-No reducir la complejidad para hacerla más manejable (salvo en determinadas excepciones expositivas); 

-No confundir novedad con profundidad; 

-No sacrificar la dimensión humana en favor del sistema o la ideología;

-Escribir solo sobre aquello que, honestamente, crea que podría defender en el tiempo (el conocimiento que busco no tiene nada que ver con el espectáculo).

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En cualquier caso, este manifiesto NO es definitivo.

Es un punto de apoyo.

Lo revisaré, ampliaré o matizaré con el paso del tiempo aunque nace con la vocación de no ser olvidado.

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jueves, 22 de enero de 2026

228. Robert Lewis Reid (USA, 1862-1929) (2).

 Robert Reid (1862–1929): elegancia, intimidad y modernidad en el impresionismo estadounidense. 

 Cuando se evoca el impresionismo norteamericano, los nombres que suelen aparecer de inmediato son los de Mary Cassatt, Childe Hassam o John Henry Twachtman

Sin embargo, entre ellos se encuentra la figura, probablemente bastante menos conocida, pero esencial para comprender la maduración estética del movimiento en Estados Unidos: Robert Lewis Reid. Pintor de fina sensibilidad, educador influyente y miembro muy activo de los círculos más avanzados de su tiempo. Reid encarnó una versión del impresionismo marcada por la elegancia decorativa, hizo hincpié en la intimidad doméstica (tema tan querido por casi todos los impresionistas) y procuró un diálogo constante con la tradición europea.



Robert Reid, a quién ya dediqué una entrada en el 2018, nació en 1862 en Stockbridge, Massachusetts, en un entorno culturalmente receptivo, aunque todavía distante de los que se consideraban los grandes centros artísticos del momento.

Como tantos jóvenes artistas estadounidenses de su generación, inició su formación en la School of the Museum of Fine Arts de Boston.  Allí recibió una enseñanza sólida de dibujo y composición, anclada en el academicismo prototípico de la época pero, afortunadamente -¡eran los Estados Unidos!- abierta a las corrientes modernas que se dejaban sentir con fuerza por aquellos lares.

 El verdadero punto de inflexión llegó en 1884, cuando Reid viajó a París y se inscribió en la Académie Julian, uno de los centros más cosmopolitas y progresistas de la capital francesa y en donde estudiaron artistas que alcanzarían justificado renombre.


Allí entró en contacto directo con el legado del impresionismo francés -Monet, Renoir, Degas- y, por lo tanto, con las nuevas formas de entender el color, la luz y la vida moderna. 
París no solo amplió su horizonte pictórico: también le enseñó que el arte podía ser una forma de vida refinada, una síntesis entre observación sensible y placer estético. 
 Durante los años que pasó allí, Reid absorbió influencias diversas: del impresionismo fundamentalmente, pero también del simbolismo incipiente y, especialmente, del gusto decorativo que, por muy diversos motivos, comenzaba a impregnar la pintura de fin de siglo.


A finales de la década de 1880, Reid regresó a Estados Unidos con una mirada ya plenamente moderna y "europea" (es un decir). 
Se instaló en Nueva York y comenzó a exponer regularmente, construyendo una reputación sólida como pintor de interiores, figuras femeninas y escenas de intimidad cotidiana

A diferencia de otros impresionistas americanos más volcados en el paisaje urbano o costero, Reid se especializó en espacios cerrados: salones, estudios, rincones domésticos donde la luz se filtra suavemente y los colores dialogan con una armonía casi musical. 
 Su pintura se caracteriza por una paleta clara pero contenida, por el gusto por los tejidos, los estampados y las superficies ornamentales. En muchas de sus obras, la figura femenina aparece no como protagonista narrativa, sino como parte de una composición decorativa cuidadosamente equilibrada. Esta inclinación lo acerca tanto al impresionismo como al Aesthetic Movement, tan influyente en el mundo anglosajón de fin de siglo.



En 1898, Reid se convirtió en miembro fundador del influyente grupo The Ten American Painters, una asociación que buscaba liberar la pintura estadounidense de los criterios conservadores de las grandes instituciones oficiales. Junto a artistas como Childe Hassam y J. Alden Weir, Reid defendió una pintura basada en la experiencia directa, la sensibilidad moderna y la independencia estética.


 Este reconocimiento no lo alejó, sin embargo, de los circuitos institucionales. 
Participó en grandes exposiciones nacionales e internacionales, incluida la Exposición Universal de París de 1900, donde su obra fue bien recibida. 
Paralelamente, desarrolló una importante carrera como muralista, realizando decoraciones para edificios públicos que combinaban clasicismo, simbolismo y un delicado sentido del color. 



Uno de los aspectos más influyentes de la trayectoria de Robert Reid fue su labor pedagógica. 
Como profesor en la Art Students League of New York, formó a generaciones de artistas, transmitiendo no solo técnicas pictóricas, sino una concepción del arte como disciplina intelectual y sensorial. 


Reid defendía la importancia del dibujo, del equilibrio compositivo y del refinamiento cromático, pero siempre al servicio de una expresión personal. En este sentido, su figura se sitúa en un punto de equilibrio entre tradición y modernidad, entre la herencia europea y la construcción de una voz artística estadounidense propia. 


En las décadas finales de su vida, Reid continuó pintando y enseñando, aunque su estilo permaneció relativamente constante, ajeno a las rupturas más radicales de las vanguardias. 
Murió en 1929, poco antes de que el mundo artístico cambiara definitivamente de rumbo tras la Gran Depresión. Su legado, fue durante mucho tiempo eclipsado por figuras más radicales o mediáticas, pero ha sido progresivamente revalorizado como parte esencial del impresionismo americano maduro. Reid representa una modernidad silenciosa, elegante, íntima: una modernidad que no grita, sino que, a muchos, les seduce.








Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al artista o artistas referenciados.
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domingo, 18 de enero de 2026

227. Douglas François Girard. (USA, 1969).

Douglas François Girard es un pintor contemporáneo radicado en Norteamérica, conocido principalmente por su obra que oscila entre el realismo imaginativo, el landscape painting y la incorporación de motivos simbólicos y mitológicos en sus composiciones

Aunque suele aparecer como canadiense en algunas referencias generales, su biografía indica que nació en California (Estados Unidos) y que pasó gran parte de su infancia en África con su familia antes de regresar a Norteamérica para su formación artística.
Douglas François Girard - Studio Girard - Biografía

Douglas François Girard. (USA, 1969).

Home Revisado

Se interesó por la pintura y las artes visuales siendo muy joven y tras completar la educación secundaria decidió estudiar arte en Art Center College of Design, Pasadena (California), en donde obtuvo un título de Bachelor of Fine Arts con distinción en Ilustración. 

Durante sus estudios trabajó con maestros de dibujo y pintura como Burne Hogarth, Richard Bunkall, Dan McCaw y Steve Huston, lo que le dio una sólida base técnica en técnicas clásicas de representación.

Burne Hogarth - Wikipedia, la enciclopedia libre

Richard D. Bunkall; Pintor y profesor - Los Angeles Times

Dan McCaw - Artistas - Trailside Galleries


Girard, después de graduarse, inició una carrera como ilustrador y pintor de estudios, dando clases privadas de pintura y realizando obras en diferentes géneros. 
Sin embargo, a medida que avanzaba su trayectoria profesional, sintió que las corrientes artísticas contemporáneas no expresaban adecuadamente su propia visión. 
Esta tensión entre educación académica y búsqueda personal lo llevó, en 1993, a mudarse con su esposa a Alaska, buscando paisajes que respondieran a su estética interior: montañas, lagos ocultos, nieblas y ambientes de una quietud dramática que le permitieran abordar la pintura desde una perspectiva más profunda y espiritual.
Este cambio geográfico y vital marcó un punto de inflexión: Girard comenzó un proceso de desaprendizaje de ciertas técnicas académicas para centrarse en un estilo más propio, inspirado en los viejos maestros —especialmente los venecianos, los prerrafaelitas y los simbolistas— y también en figuras como Odd Nerdrum, que combinan tradición pictórica con temas atemporales y simbólicos.


La obra de Girard se caracteriza por: 
  Paisajes inspirados en montañas, lagos brumosos y ambientes naturales intensos (especialmente de Alaska y regiones similares) que buscan evocar una sensación de misterio, trascendencia y quietud exaltada.
Figuras simbólicas y composiciones que mezclan la forma humana con la naturaleza, con un fuerte sentido narrativo y espiritual.


Muestra una preocupación por la relación existente entre el hombre y la tierra, convirtiendo el paisaje no solo en un escenario, sino un componente orgánico de significado.
Son evidente influencias literarias y mitológicas, desde cuentos tradicionales hasta referencias indirectas a mundos fantásticos, lo que ha llevado a algunos críticos a asociar su trabajo con el imaginario mítico y poético.


Douglas Girard ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas desde finales del siglo XX hasta la actualidad, muchas de ellas en galerías especializadas en realismo y arte figurativo.










ARC / Douglas Girard

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