Adrian Lee Kellard tuvo una vida breve. Nació el 28 de enero de 1959 en New Rochelle, Nueva York, y murió el 14 de noviembre de 1991, con apenas treinta y dos años, víctima de complicaciones relacionadas con el sida.
En poco más de
una década de actividad artística consiguió,
sin embargo, construir un lenguaje
propio, reconocible a primera vista: madera tallada, colores vivos, imágenes religiosas, referencias a la
cultura popular y una tensión constante entre espiritualidad, cuerpo y deseo.
Kellard creció en una familia católica de raíces irlandesas e italianas y de origen trabajador. Esa circunstancia resulta fundamental para entender su pintura y, sobre todo, la manera en que concibió el arte.
En lugar de considerar la religión como un territorio reservado a la
tradición académica o a la pintura histórica, con su arte intentó llevarla a los objetos de todos
los días. Santos, crucificados, vírgenes y escenas de la vida de Cristo
aparecieron de esta forma sobre paneles de madera, muebles, biombos, calendarios y otros
objetos funcionales. Su intención no era solemnizar la vida cotidiana, sino,
más bien, todo lo contrario: devolver lo sagrado a la experiencia ordinaria.
Adrian Lee Kellard - Alchetron, La Enciclopedia Social Libre
Estudió en la State University of New York at Purchase
entre 1977 y 1980. Allí tuvo como profesores a la artista Judith Bernstein y al grabador uruguayo Antonio Frasconi.
Universidad Estatal de Nueva York en Purchase - Alchetron, la enciclopedia social gratuita
Artista: Antonio Frasconi - Museo Nacional de Artes Visuales
Posteriormente se
trasladó a Nueva York y continuó su formación junto al artista Thomas Lanigan-Schmidt, una figura
vinculada al movimiento Pattern and
Decoration y a una concepción profundamente personal de la religiosidad.
Thomas Lanigan-Schmidt - Wikipedia
Patrón y decoración - Wikipedia
Kellard no abandonó nunca ese aprendizaje, aunque tampoco quedó sometido a él. Su obra fue incorporando influencias muy diversas: desde la tradición medieval y renacentista hasta el expresionismo alemán, pasando por Van Gogh, Picasso o Marsden Hartley.La madera fue su material característico.
Sus primeros trabajos fueron grabados, pero pronto decidió prescindir de la estampa y convertir la propia matriz de madera
tallada en la obra definitiva.
Trabajaba sobre sencillos paneles de pino, utilizando un cuchillo para realizar centenares de incisiones superficiales. Después aplicaba pintura de látex. El resultado tenía algo deliberadamente elemental: superficies rugosas, contornos gruesos, colores planos y una apariencia próxima al arte popular. Kellard conocía la historia del arte y utilizaba conscientemente sus imágenes, aunque las trasladaba a un mundo contemporáneo y cotidiano.
Esa combinación entre sofisticación y apariencia popular es una de las claves de su obra.
Kellard quería que el arte pudiera hablar a cualquiera y no únicamente a quienes habían recibido una educación artística. Por eso no ocultaba los tornillos, los herrajes ni las características físicas de los materiales. En sus obras le gustaba hacer referencias a Giotto, Miguel Ángel o las antiguas imágenes de santos con elementos procedentes de la cultura popular y de la vida urbana de Nueva York.
La sempiterna polaridad entre “arte elevado” y el “arte bajo o popular” dejaba de tener importancia para él ya que pretendía que no fuese categorías enfrentadas.
Pero en la vida y obra de Kellard se trasluce una dimensión/tensión mucho más personal. Kellard era un hombre gay y católico, dos aspectos de su identidad que, en su caso, no permanecieron separados.
Su obra refleja, sin duda, esa fricción: ¿Cómo podía conciliar una fe recibida desde
la infancia con una identidad sexual que durante décadas había sido condenada
por buena parte de la institución religiosa? Kellard no respondió abandonando
la religión. Su respuesta fue compleja y atrevida: se apropió de sus símbolos y
los convirtió en un espacio de afirmación personal.
En 1987 Kellard recibió el diagnóstico de sida, en una época en la que la enfermedad estaba rodeada de miedo, ignorancia y estigma.
El impacto sobre su obra fue profundo,
aunque no inmediato. El artista fue abandonando progresivamente los colores
estridentes y las declaraciones religiosas más combativas. Aparecieron
tonalidades más apagadas, imágenes más silenciosas y una sensibilidad nueva
hacia el sufrimiento y la vulnerabilidad.
El Grey Art Museum de la
Universidad de Nueva York ha relacionado estas obras con las emociones de
incredulidad, frustración y desesperación provocadas por una enfermedad que
entonces se consideraba prácticamente una sentencia de muerte.
Adrian Kellard - The Learned Art of Compassion - MOCRA, St. Louis
En los últimos años de su vida, el pequeño apartamento-estudio de Kellard en Nueva York se convirtió en el centro de su existencia.
Allí continuó trabajando mientras convivía con la enfermedad y con
la creciente atención médica que esta exigía. La fotógrafa Regina DeLuise, amiga
cercana del artista, lo retrató en 1989 en su estudio. La imagen muestra a un
hombre todavía plenamente concentrado en su trabajo, rodeado de sus propias
obras. Según el testimonio de DeLuise, pese al diagnóstico y a las visitas a
médicos y hospitales, el trabajo continuaba ocupando el centro de su vida.
Kellard murió en Nueva York el 14 de noviembre de 1991. Tenía treinta y dos años.
Su desaparición se produjo en uno de los momentos más
dramáticos de la epidemia de sida, cuando una generación entera de artistas,
escritores, músicos y activistas estaba siendo diezmada. Pero su obra no quedó
reducida a ese contexto. Con el tiempo, museos y centros de arte comenzaron a
recuperar su figura y a situarla en un lugar más amplio dentro de la historia
del arte estadounidense de finales del siglo XX.
El Museum of Contemporary Religious Art de Saint Louis University conserva la mayor colección institucional de obras de Kellard.
Sus trabajos forman también parte de las colecciones del Grey Art Museum de Nueva York, el Neuberger Museum of Art, el New Jersey State Museum y el American Visionary Art Museum de Baltimore, entre otras instituciones.
En 2011, el MOCRA
le dedicó la exposición Adrian Kellard: The Learned Art of Compassion,
una revisión especialmente significativa porque permitía contemplar su
producción desde la distancia histórica suficiente para comprender que su
aportación iba mucho más allá de la etiqueta de “artista del sida”.















































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